 Su carrera comenzó como estrella de televisión, pero Carlos Vives se hizo célebre por ser el hombre que renovó el vallenato y abrió el camino a la internacionalización de la música colombiana. Quince años después de los Clásicos de La Provincia —el álbum que lo lanzó a la fama— y de ex- plorar diferentes facetas, el cantante prepara un nuevo disco, con el que regresará a sus orígenes.
Por Eduardo Arias | Tags: colombia, vallenato, musico | www.gatopardo.com
En estos últimos días han pasado muchas cosas en la vida de Carlos Vives. En realidad podría decirse que siempre ha sido así. Al menos desde que lo conozco, Vives siempre anda metido en algún proyecto. Por su cabeza van y vienen ideas. De música, de humor, de televisión. Y siempre anda con una sonrisa. Porque, si uno le hace caso a la cara de Vives, parece que repitiera a toda hora el "todo bien, todo bien" que hizo famoso el gran futbolista El Pibe Valderrama, que al igual que Vives también es de Santa Marta y también se llama Carlos Alberto. Vives no parece preocuparse demasiado por tener tres o cua-tro o cinco cosas para resolver. Se las arregla, vaya uno a saber cómo, para cumplirle a todo el mundo. Y siempre se entusiasma con todo lo que le pongan por delante: un balón de futbol, un talento musical que necesita un impulso, el set de un programa de humor, un micrófono, una guitarra. Pero también se desvive por su entorno familiar. Y más ahora. Acaba de ser padre por tercera vez. El 24 de julio nació Elena, hija de Claudia Elena Vásquez, su actual esposa, una ingeniera química que ejerce su profesión en un laboratorio de perfumería. Fue Señorita Colombia en 1996. Y es también quien se encarga de organizarle su agenda y su vida. La familia está acomodándose a su nuevo apartamento en el Chicó Alto, un tranquilo barrio en una de las laderas de Bogotá, donde vive rodeado de árboles y donde se respira el aire puro y frío que baja de los páramos que circundan la ciudad. Lo encuentro ahí una tarde, entre su familia. Al otro día debe salir de viaje, pero aprovecha para dejar listos varios asuntos en Cumbia House, un escenario que abrió hace pocos meses, como extensión del restaurante Gaira, que administra junto con su hermano Guillermo, actor y presentador de televisión, y donde aprovechan al máximo los conocimientos culinarios de Aracelly Restrepo, su madre. Ellos unieron dos casas en el barrio El Chicó, de Bogotá, para hacer realidad otro de los sueños de Vives: poner a disposición de los músicos raizales (como él denomina a quienes trabajan a partir del folclor) y de los humoristas, un escenario con todas las de la ley. Vives también acaba de dar a luz un par de hijos en formato cd. Uno de ellos es Porro nuevo, el álbum de la cantante Adriana Lucía, que él produjo junto con el guitarrista Andrés Castro, uno de los grandes cómplices de Vives. "El disco ha tenido muy buena crítica, pero el trabajo de Adriana Lucía no está en la onda comercial del momento en Colombia —dice Vives—. Es un disco muy de ella, muy raizal. Es fuerte, para bailar, con letras muy bonitas, un disco muy bien hecho". El otro hijo recién nacido de la familia Vives-Vásquez se llama Pombo musical, un homenaje a Rafael Pombo, un poeta bogotano de finales del siglo xix que pasó a la historia gracias a sus fábulas, con las que han crecido ocho generaciones de colombianos. En este álbum Vives interpreta algunas canciones y comparte cartel con grupos como Aterciopelados y cantantes co-mo Juanes y Fonseca. Una prueba más del tesón de Carlos, quien sufrió para hacer realidad este proyecto, al que le metió su energía durante meses y meses. Hace más de un año, cuando todavía vivía en el apartamento de la calle 70, frente a la quebrada de La Vieja, en el barrio Rosales, me puso a escuchar los demos de algunas de estas canciones (parecían casi listas) y las cantaba emocionado. Señalaba detalles de un bajo, un piano, una percusión, saltaba de una canción a otra (de Verónica Orozco como Pastorcita, a Andrea Echeverri como Mirringa Mirronga, a Juanes como El Gato Bandido, a Ilona como la Tía Pasitrote), y la única que puso completa fue una versión de La pobre viejecita ("Érase una pobre viejecita / sin nadita que comer / sino carnes, frutas, dulces, tortas, huevos, pan y pez" y así, por el estilo), en la que Carlos narra un verso con el acento cachaco de los bogotanos de comienzos del siglo xx y su hermano Guillermo le responde con ese acento de arriero antioqueño que el presidente Álvaro Uribe ha sabido llevar allende las fronteras patrias. A finales de enero de este año volví a encontrarlo, esta vez en los estudios de Audiovisión, donde grababa las voces de la canción "El modelo alfabético", un poema de Pombo no tan conocido, que utilizaría más adelante como sencillo para promocionar el álbum. El ambiente era relajado, amable. Vives, con un chaleco de lana, estaba de muy buen humor y les daba ánimo a los cantantes del dúo Huellas, dos niños muy talentosos que habían ganado en un reality de televisión. En la sala de la consola, Vives ofrecía gaseosas, tortas y galletas. Quería hacer sentir a la gente como en casa, aun en el ambiente frío y un tanto estresante de un estudio. En agosto, contra todos los pronósticos, y en gran parte gracias al patrocinio de una empresa que celebró sus 50 años de vida uniéndose al proyecto, el sueño se hizo realidad y Vives lanzó el álbum (lo adivinaron) en Cumbia House. Cualquiera, en su lugar, hubiera dicho: "Listo, misión cumplida". Pero Vives ya piensa en más volúmenes de Pombo musical. Y a ese hijo de pronto le saca un hermanito menor. "Trabajé con Leo Espinosa y Lucho Correa para plantear una nueva imagen de los personajes de Pombo y del propio poeta". Su obsesión ahora es que éstos se muevan, se salgan de las artes del CD y por eso quiere llevarlos a la televisión y al cine. Conociéndolo, no tendría nada de raro que haga realidad esa idea. Como si todo lo anterior fuera poco, muy pronto entrará de nuevo al estudio para grabar los Clásicos de La Provincia II, el álbum que dejó en espera luego del éxito del primer volumen, el que lo lanzó a la fama internacional a finales de 1993. Vives escogió 15 canciones para rendirle este nuevo homenaje a sus ancestros, a sus raíces. Y, de paso, sacar a varias de ellas del olvido. "Con los clásicos pasa eso. Uno mira para atrás y se encuentra muchas canciones. Unas se produjeron muy bien, pero la mayoría muy mal y en la práctica es como si fueran inéditas. Hay que saber encontrarlas, reconocerlas y luego saber producirlas para sacarlas del olvido". Por suerte había aplazado ese proyecto hasta nueva orden. Porque vaya uno a saber qué hubiera sido de Vives y de la música colombiana en general si, en vez de lanzarse a la aventura con La tierra del olvido (1995), se hubiera dedicado a la fácil: repetirse en el éxito para darle gusto a las masas. "Gracias a Dios fue así —reflexiona Vives—. Con La tierra del olvido nació una corriente, apareció nueva gente. Los procesos toman fuerza cuando más gente refuerza el movimiento. Ha sido una bendición ver la aparición de muchos grupos, aunque no todos sean internacionales. La calidad de la música de un país no se mide únicamente por las ventas en el exterior o contando cuántos cantantes se quedan a vivir fuera del país. Eso es una bobada". Para Vives los Clásicos II es un tesoro, y lo tenía reservado para cuando llegara una nueva oportunidad. Y parece que por fin ésta ha llegado. Ya escogió 15 canciones de un repertorio que él considera casi que inagotable. Y que, en su opinión, le dejan una gran lección a las nuevas generaciones de compositores. "A los que creemos que nuestras composiciones son una gran maravilla. Ésa es la verdad". Aunque a Vives lo conozco personalmente desde 1993, todavía me resulta difícil creer que un personaje tan sencillo, cálido y hospitalario sea una figura pública que va mucho más allá de lo que muestran los medios. Además de ser un cantante de éxito que gana premios Grammy Latinos y que aparece en las revistas del corazón, cuenta con una discografía de lujo, realizó al menos dos papeles memorables en la historia de la televisión colombiana, convocó y les abrió las puertas a varios de los mejores humoristas colombianos alrededor del programa de televisión La Tele y, por encima de todo, trazó el camino que le permitió a la música colombiana dirigirse hacia el exterior y que le ha servido de guía a una gran cantidad de músicos de distintas vertientes: folclor, rock, jazz, electrónica e intermedias. Una trocha que hoy es una amplia carretera por la que transitan con gran comodidad ("chupando rueda", como se dice en el argot del ciclismo) decenas de imitadores del sonido Vives que conforman la tendencia facilista y comercial del llamado tropipop. **** Carlos Vives nació en agosto de 1961, el año y mes en que se construyó el muro de Berlín. Más exactamente el día 7, cuando Colombia conmemora la batalla de Boyacá, que marcó la independencia definitiva de la Nueva Granada y el comienzo de la gesta liberadora de Sudamérica. Sus primeros 12 años de vida transcurrieron en Santa Marta, su ciudad natal, un puerto del Caribe custodiado por los 5 770 metros de altitud de la Sierra Nevada de Santa Marta. Una ciudad donde con-viven el vallenato y la cumbia con la herencia de los pueblos indígenas de la sierra y de la península de la Guajira. Durante su infancia, además de aprender a jugar muy bien al futbol y a tocar piano, asistió a las reuniones de músicos emblemáticos del folclor vallenato que organizaba su padre, lo que lo familiarizó con el espíritu de aquellos trovadores. En 1973, su familia se trasladó a Bogotá, y allí entró en contacto con otra influencia capital en su vida: el rock. Comenzó a cantar en bares y su histrionismo le abrió las puertas de la televisión. Así que la primera versión de Vives que conoció Colombia fue la de un simpático pero frívolo galán, que a partir de 1982 encontró el éxito muy rápidamente, gracias a programas infantiles y, sobre todo, a las telenovelas. En 1984 participó en El faraón, una historia costumbrista de ciclismo, el deporte bandera de Colombia en la década de los ochenta. Al año siguiente Vives protagonizó Tuyo es mi corazón, al lado de Amparo Grisales, la diva máxima de la televisión colombiana. Su consagración definitiva en la pantalla chica llegó en 1986 con Gallito Ramírez, en la que representaba a un boxeador pobre que se enamoraba de La Mencha, una niña de buena familia, interpretada por Margarita Rosa de Francisco, quien en 1984 había representado al Valle del Cauca en el Concurso Nacional de la Belleza. Esta historia de amor se trasladó a la vida real puesto que Vives y La Mencha (como se le dice desde entonces a Margarita Rosa) se casaron en 1986, aunque el matrimonio duró poco tiempo. La industria discográfica, que sabía del talento musical de Carlos, aprovechó su fama y le promovió tres álbumes orientados a la balada pop, que no tuvieron demasiado éxito y que la crítica musical jamás tomó demasiado en serio. Para los fans hardcore, ahí va el dato: Carlos Vives por fuera y por dentro (1986, Discos FM), No podrás escapar de mí (1987, CBS) y Al centro de la ciudad (1989, CBS-Sony Music). Estos lanzamientos, sobre todo Al centro de la ciudad, coincidieron con el efímero boom del llamado "rock en tu idioma" y también con la época en la que Vives protagonizó LP, loca pasión, un dramatizado para jóvenes centrado en la vida de un grupo de rock. En ella participaron integrantes de grupos de rock como Sociedad Anónima, y en la que se aprovechó la visita a Bogotá de músicos como Charlie García (uno de los grandes ídolos de Vives), Miguel Mateos y Los Toreros Muertos para que aparecieran en algún par de capítulos. En aquellos meses Carlos Vives montó Estación Central, un bar en el barrio histórico de La Candelaria, adonde se había movido la escena musical underground bogotana. En la misma cuadra funcionaban La Casona y también Barbarie, el bar de Andrea Echeverri y Héctor Buitrago, los futuros Aterciopelados. En estos tres locales se presentaban diversas bandas, entre ellas Distrito Especial, que marcarían para siempre la carrera artística de Vives. En 1989, Vives recibió una oferta laboral en Puerto Rico, lo que le permitió entrar en la llamada "franja maldita" de la televisión colombiana (el horario del final de la mañana), donde se transmitieron algunas de las novelas que protagonizó en la Isla del Encanto. Allí se casó con Herlinda Gómez, con quien tuvo dos hijos, Carlos Enrique y Lucía, y de quien ya se separó. Vives, desorientado en un mundo que no era el suyo (la balada pop y la telenovela), parecía condenado al rápido declive que han padecido tantos galanes que suben como palma y caen como cocos. Pero en 1991, el director Sergio Cabrera le propuso protagonizar Escalona, un seriado de televisión basado en la vida del compositor vallenato Rafael Escalona. Además de actuar tenía que cantar y así se reencontró con varias de las tonadas que oía de niño, de viva voz, en su casa paterna en Santa Marta. Vives, en vez de contentarse con el éxito que logró al cantar los arreglos que habían hecho para la serie de televisión (se grabaron dos vinilos que tuvieron bastante éxito), comenzó a atar cabos. ¿Qué pasaría si a esas canciones que habían marcado su infancia les agregaba los hallazgos rítmicos de todos esos músicos que había conocido en Estación Central (los músicos que desarrollaron lo que Vives denomina "el patrón bogotano")? "Lo que yo llamo ‘el patrón bogotano’ lo componen esos músicos de mi generación que iban más allá del pop-rock. Podían hacer un blues pero le metían tamboras y percusión de cumbia y al juntarlo todo creaban nuevos patrones. Yo sentía que el vallenato era hijo de la cumbia. Entonces, si se podían aplicar esos patrones a la cumbia, también se podían aplicar al vallenato. Así nació el grupo La Provincia. No era una chirimía o un grupo folclórico sino una banda con guitarra, bajo, batería y teclados", dice. A finales de 1993, Colombia vivía una inusual euforia. Acababa de caer Pablo Escobar, quien había puesto en jaque al país con su capacidad para sembrar el terror a punta de carrosbomba y el asesinato indiscriminado de policías. La selección de futbol había derrotado 5 a 0 a Argentina, en Buenos Aires, y era una de las favoritas para ganar el Mundial de 1994. Un creciente sentido de pertenencia y de orgullo por los valores nacionales dejaba atrás el tradicional complejo de inferioridad que caracterizaba a los colombianos. En ese contexto cayó como anillo al dedo la versión de Vives de "La gota fría", una canción de Emiliano Zuleta que abría el álbum los Clásicos de La Provincia y que de inmediato se convirtió en un éxito arrollador. Un clásico del vallenato que, en esta versión, no arrancaba con acordeón sino con el sonido de una gaita (no se trata de una gaita escocesa o gallega. En la costa Caribe de Colombia así se denomina a un instrumento de viento de origen indígena). Carlos Vives hacía una proclama: el vallenato es hijo de la cumbia. "Cada ritmo te enseña sus conexiones. Las de la cumbia son las mismas del vallenato. Nosotros nos dejamos llevar por la búsqueda de esas conexiones. ¿Por qué el vallenato me suena a reggae? ¿Por qué el reggae viene del sonido folclórico del Misisipí? Entonces aparece la polka que llegó con el acordeón. Yo no me metí en la música de los demás para encontrar mi vallenato. Me metí en el vallenato para encontrar ese montón de conexiones con el Misisipi, con el río de La Plata, con el resto del Caribe, con esa Europa que nos marcó. Algo tan pequeño y tan local como el vallenato te enseña todo un universo". A "La gota fría" le seguían en aquel álbum versiones muy diversas. Desde aquellas muy apegadas a la tradición del conjunto básico vallenato (acordeón, caja y guacharaca, estos dos últimos instrumentos de percusión menor) hasta acercamientos al jazz. "En el primer disco hubo mucha locura porque trabajé con todos los músicos con los que había querido trabajar a lo largo de mi vida. Se ve dónde está Bernardo Ossa, dónde está Teto Ocampo, dónde está Eduardo de Narváez, dónde estoy yo sólo, completamente solo (o sea un desastre)". El álbum, y en particular "La gota fría", traspasó las fronteras de Colombia y llegó incluso a la, por lo general, cerrada España, donde Vives, con su sonrisa encantadora, su pelo largo ensortijado, unos shorts y una guitarra acústica colgada del hombro enloquecía a sus fans. Como era de esperarse, los puristas pusieron el grito en el cielo. Otros intérpretes de vallenato comercial, al ver que sus efímeros reinados estaban en peligro de desboronarse, comenzaron a burlarse de su pinta y de su manera de cantar. Al respecto, Vives reflexiona: "El vallenato es como el tango, por poner un ejemplo. Uno sabe que tiene una historia, que es de un lugar, que lo caracteriza una esencia. Cuando se hicieron proyecciones como las de Piazzolla, salían a decir que eso no era tango… Lo mismo ocurre con el vallenato". Pero no todo era música. Gracias al buen momento que pasaba, Vives creó un espacio de televisión de humor en el que reclutó a algunos de sus antiguos compañeros del Colegio Hispano Americano Conde Anzures (alias el Chacas) y a su ex cuñado Martín de Francisco. El resultado fue La Tele, inspirado en las propuestas que desarrollaba en Argentina Marcelo Tinelli y que convirtió a De Francisco, a Santiago Moure, a Rafael Uribe, Alberto Velilla y Carlos Molina, alias Cerdo, en personajes de culto. Vives lo presentó durante algunos meses pero como su actividad musical ya lo absorbía de tiempo completo, tuvo que alejarse definitivamente de la televisión. Pero Moure y De Francisco siguieron adelante con el proyecto, que luego se transformaría en El siguiente programa, una serie de dibujos animados desarrollada por ambos junto con Rafael Noguera. Actualmente Vives adelanta conversaciones con una productora argentina que quiere llevar al cine estos personajes. En 1995 siguió adelante con su propuesta musical. El público esperaba ansioso un Clásicos de La Provincia II. Era lo que cualquier músico centrado en el corto plazo hubiera hecho. Pero él no quería eternecer el cuarto de hora de "La gota fría". Por el contrario, decidió ahondar su búsqueda de las conexiones entre el vallenato, el porro y el blues. El resultado fue La tierra del olvido, donde alternó clásicos vallenatos con composiciones suyas y de sus lugartenientes Iván Benavides y Ernesto Teto Ocampo. El álbum fue muy bien acogido por la crítica, aunque al público no le resultó tan fácil asimilar la nueva orientación musical de Vives. Sin embargo, canciones como "Pá Mayté" y "La tierra del olvido", escritas por Vives, Benavides y Ocampo, muy pronto se convirtieron en clásicos de la música colombiana. En aquellos años lanzó el sello discográfico Gaira Música Local, que lleva el nombre de un pueblo de pescadores cercano a Santa Marta. Con este sello grabó los álbumes de Bloque de Búsqueda y Lucía, y reeditó en CD el álbum de Distrito Especial, que había sido publicado en acetato en 1989. Sin embargo, las dificultades del mercado discográfico congelaron nuevos lanzamientos y el nombre de Gaira Música Local sólo volvería a aparecer en sus siguientes álbumes y, más recientemente, en el Porro nuevo de Adriana Lucía y en Pombo musical. *** Vives continuó su carrera con álbumes muy diversos. Del intimista y experimental Tengo fe (1997), dedicado a su hija Lucía, pasó a El amor de mi tierra (1999), fabricado en el Estefan Sound Machine y que traía el superéxito "Fruta fresca", además de "Pitán-pitán", un alegre homenaje al Unión Magdalena, el equipo de futbol de Santa Marta y una de las grandes pasiones de su vida. En 2001 Vives regresó a las raíces con Déjame entrar, con el que ganó un premio Grammy (de los de verdad, no latino) en la categoría Mejor Álbum Tropical. En él, además de grabar temas emblemáticos como el que le da el título al álbum y "Carito" (el par de originales que han calcado ad nauseam los cultores del llamado tropipop), Vives proclamó que "la ciudad de Nueva Orleans se parece a Barranquilla", un nuevo homenaje a la conexión Caribe-África-sur de Estados Unidos. Un receso de tres años le permitió desarrollar El rock de mi pueblo, donde predomina el sonido de la guitarra eléctrica, en particular en el tema que le da el nombre al álbum y en "Como tú". En "Santa Marta-Kingston-New Orleans", un acompañamiento blues-rock sirve de fondo para un viaje imaginario entre estas tres ciudades. De nuevo, un gran himno a las conexiones. Su última aparición discográfica anterior a Pombo musical fue en un álbum tributo al grupo bogotano Hora Local. De acuerdo con la crítica, allí sacó a relucir su garra de cantante rockero. A lo que él responde: "Yo siempre he sido rockero. Soy una mezcla de rockero bogotano con contrabandista de La Guajira, con indígena wayúu… Mi música de pronto no es contestataria literalmente hablando pero ya es contestatario hacer lo que hago, ser raizal en lo que hago". No se ha dejado seducir demasiado por la electrónica, una tendencia que ha tomado mucha fuerza entre músicos colombianos que combinan folclor con pistas y sonidos emanados de un computador. "Yo soy primitivo, más mecánico. Mi relación con la electrónica ha sido a través de mezclas que se han hecho con mi música para llegar a ciertas emisoras, para acceder a ciertos clubes". Paul Oakenfold, uno de los grandes dj y gurús de la escena mundial, hizo una versión de "Como tú". "Me encantó lo que hizo, le agregó a la canción un lenguaje muy espacial". Y señala que, de todas maneras, "todas esas cosas electrónicas que después se venden como la gran modernidad tienen sus raíces y sus matrices en lo más primitivo. Nuestra música, como sí es de raíz, sí es de origen, se presta para esas mezclas". En Colombia, un país azotado por 50 años casi que ininterrumpidos de guerras civiles no declaradas, existe un número indeterminado de desplazados (entre uno y medio y cuatro millones, según las cifras que uno quiera aceptar), la cultura y en particular la música son armas muy eficaces para mantener viva la memoria de las víctimas. "Debemos tener claro que por estas situaciones, se engrandecen tener tan borrosa nuestra memoria y nuestra identidad. Los pueblos que no desarrollan su cultura, por más humilde o sencilla que sea, caen fácil en estas guerras. La ignorancia es un caldo de cultivo para toda esta violencia. No debemos dejar morir ese mundo donde nacieron los juglares, esos campos, esas provincias que hoy están en guerra, de donde los obligan a desplazarse". Ésa era la idea inicial del Gran Concierto Nacional que se llevó a cabo el 20 de julio en más de mil municipios de Colombia. Ese día se celebra el primer grito de Independencia que dio paso a la mal llamada Patria Boba, un intento fallido tras la reconquista española de 1816. Vives estuvo en Leticia, una ciudad fronteriza en la selva amazónica, que se convirtió en el epicentro de la jornada puesto que hasta allá se desplazó el presidente Álvaro Uribe y, a última hora, se les pegó Shakira. Un concierto que, tras la liberación de Ingrid Betancur, se transformó en una inmensa proclama contra el secuestro y, de paso, en un acto proselitista a favor del gobierno. "Para mí fue un evento de integración. La idea original era cambiarle ese aire marcial al 20 de julio, que podamos asumir nuestra fecha de una manera más creativa. Mi mensaje era el de la integración de los artistas. El presidente mandó los suyos, Shakira envió su mensaje… Lo que sí quedó claro es que el 20 de julio podemos hacer cosas más divertidas, más creativas". Para Carlos Vives este concierto, al igual que el que organizó Juanes en marzo en Cúcuta, ciudad fronteriza con Venezuela, permitió llevarle a toda América Latina un mensaje esperanzador de Colombia. "Yo trabajo mucho en Ecuador y Venezuela, y estoy cada vez más seguro de que los colombianos, los venezo- lanos y los ecuatorianos pensamos de la misma manera. Cuando nos quitamos de la cabeza la mala política nos relajamos mu-cho y nos damos cuenta que somos la misma vaina". La desinformación y el desconocimiento son dos barreras que, para Vives, han impedido que se acaben los prejuicios. "Una de nuestras debilidades es el desconocimiento. La prensa juega a desinformar, a simplificarlo todo y aparecen los clichés. Que el colombiano es esto y aquello. Esos colombianos que hacen cosas buenas en el exterior ayudan a romper el miedo y la desconfianza que históricamente se ha generado en el país y que se utiliza de manera política". La música juega un papel muy importante. Vives señala que, mucho antes de que él naciera, la cumbia y el bambuco ya le habían dado la vuelta al mundo. "Pero no hemos sido capaces de proyectarla. La cumbia ahora es de un pocotón de gente porque pasaron las generaciones, Colombia no siguió proyectándola como algo propio y en los países donde llegó hace décadas la gente no tiene por qué saber dónde queda el río Magdalena. Para ellos la cumbia es de allá". *** Quince años después de los Clásicos de La Provincia, Vives se anima a hacer un balance de estos años en los que la música colombiana aprendió a venderse. "Me he convertido en el vocero de ese equipo de pioneros, porque pude grabar un disco y plasmar en él esos patrones que nacían de la música colombiana. Mi generación retomó un trabajo que ya habían hecho otros músicos antes. Yo siento que han pasado cosas maravillosas y que muchos jóvenes han entendido, cómo trabajar con nuestra esencia, nuestro legado. Lo que hicimos hace 15 años con esos patrones hoy los utilizan nuevos músicos. Los usan a su manera, con sus influencias, siento que son más acertados para ponerles sonidos más comerciales, y se le puede mostrar al mundo cuál es nuestra identidad, nuestros aportes, nuestros acentos particulares. Se han producido grandes cosas y lo mejor del cuento es que quedan muchísimas más por hacer". Pero esta bonanza de la música colombiana, que produce músicos en cantidad, calidad y variedad, se estrella con la crisis de la industria discográfica y la piratería. "La industria no hizo lobbies desde el principio para proteger la propiedad intelectual. Se durmió en eso y los errores los estamos pagando en estos momentos. Y por estar en esa crisis no le apuesta a proyectos nuevos. Estamos aprendiendo a sobrevivir y yo creo que todo se va a estabilizar, pero la situación es difícil. La globalización no es ser esclavos. Al revés, es entregarle al mundo lo nuestro". Vives mira la hora. Ya son las cuatro de la tarde. Tiene que bañarse y salir corriendo para Cumbia House. Al otro día lo esperan Miami, y el inicio de los Clásicos de La Provincia II. Otro día más en su vida que, a pesar del paso de los años, vive en un perpetuo presente continuo que gobierna su entusiasmo y pensando en qué más va a hacer cuando sea grande. |